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Brasil resistente

SAN PABLO – Hace menos de diez años, la economía de Brasil se tambaleaba ante la primera señal de inestabilidad en los mercados financieros internacionales. Hoy, por el contrario, el país parece inmune a la turbulencia del mercado global –o es lo que creen los funcionarios brasileños.

“La crisis de las hipotecas de alto riesgo aún no llegó a las playas de Copacabana”, proclamó recientemente el ministro de Finanzas Guido Mantega. “Estamos creciendo libres de desequilibrios y, por cierto, estamos reduciendo gradualmente nuestra dependencia de los ingresos de divisas extranjeras. Esa es la clave”. De hecho, el gobierno enfatizó que Brasil estará aún más aislado ya que los esfuerzos por recortar el gasto reducen la dependencia de los flujos de capital externo.

Sin embargo, la capacidad de Brasil para escapar a los efectos de una recesión en Estados Unidos depende de la magnitud de la crisis. Es verdad que los funcionarios brasileños tienen algunas razones para hacer alarde de que la economía más grande de América latina puede estar más sólida que nunca: los indicadores macroeconómicos son más saludables, los índices de solvencia han mejorado y una combinación de exportaciones, inversión y demanda interna ha venido estimulando la actividad económica.

Durante los recientes años de abundante liquidez global, el real se fortaleció y el banco central pudo acumular reservas extranjeras, creando un colchón que alcanzó aproximadamente 185.000 millones de dólares en enero, una cantidad suficiente para cubrir toda la deuda extranjera por primera vez en la historia. Dado que sigue ingresando una inversión extranjera directa, la menor vulnerabilidad externa de Brasil coloca al país en una posición mucho mejor que antes para capear la tormenta global –al menos por ahora.