Donald Trump and President Ronald Reagan meet at a 1985 White House reception Ronald Reagan Presidential Library

Déjà Vudú

NUEVA YORK – Después de haber fracasado en la “substitución y derogación” de la Ley de Asistencia Asequible de 2010 (“Obamacare”), la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, y la mayoría republicana del Congreso se dirigen hacia la reforma tributaria. Ocho meses después de asumir el cargo, la administración sólo ha sido capaz de ofrecer un esbozo de lo que tiene en mente. No obstante, lo que sabemos es suficiente como para sentir una profunda sensación de alarma.

La política fiscal debe reflejar los valores de un país y abordar sus problemas. Hoy en día, Estados Unidos – y gran parte del mundo – se enfrentan a cuatro problemas centrales: el ensanchamiento de la desigualdad de ingresos, la creciente inseguridad laboral, el cambio climático y el crecimiento anémico de la productividad. Estados Unidos enfrenta, además, la necesidad de reconstruir su infraestructura que está en deterioro y la necesidad de fortalecer su sistema de educación primaria y secundaria cuyo rendimiento se ubica por debajo del esperado.

Sin embargo, lo que Trump y los republicanos están ofreciendo en respuesta a estos desafíos es un plan tributario que proporciona una abrumadora porción de los beneficios no a la clase media – una gran proporción de cuyos miembros, en los hechos, puede que pague más impuestos – sino que los proporciona a los millonarios y multimillonarios de Estados Unidos. Si anteriormente la desigualdad se constituía en un problema, la promulgación de la reforma fiscal propuesta por los republicanos hará que dicho problema empeore muchísimo.

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