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Recordando y olvidando a Zhao Yiyang

Finalmente el ex Premier chino y Secretario General del Partido Comunista, Zhao Ziyang ha muerto. Pero la agenda política que defendió mientras estuvo en el poder pereció hace mucho, el 19 de mayo de 1989, cuando apareció en la Plaza Tiananmen justo antes del amanecer para pedir con los ojos llorosos el perdón de los manifestantes. "Lo siento mucho" dijo a los sorprendidos espectadores. "Llegué demasiado tarde". Después de eso existió más como quimera histórica que como una persona real.

Cuando a la mañana siguiente la Televisión Central china transmitió esta aparición extraña y no prevista –durante los últimos días en que no se censuró la cobertura de los medios—la gente de toda China se quedó estupefacta ante este breve momento de angustia oficial humana. Después de todo, los líderes del Partido rara vez manifiestan sus sentimientos personales en público y mucho menos transgreden los dictados del Partido tan abiertamente como lo hizo Zhao. Ese individualismo no encaja en las prescripciones leninistas ni en los preceptos tradicionales chinos de comportamiento de un alto funcionario.

Cuando la represión que siguió a esas intensas semanas de libre expresión y reunión llegó a su fin apocalíptico durante la noche del 3 al 4 de junio, Zhao desapareció, succionado por el hoyo de la memoria del Partido en el que han desaparecido tantos otros líderes desde la "liberación socialista" de China. Para vergüenza del mundo democrático, casi ningún jefe de Estado protestó en nombre de Zhao, exigiendo como mínimo que se diera una explicación de su encarcelamiento ilegal e inmoral. En cambio, se permitió que Zhao quedara en animación suspendida, bajo arresto domiciliario, convenientemente olvidado como si fuera alguna celebridad en estado criogénico sin esperanzas de resurrección.

Zhao no fue asesinado; le permitieron vivir en una vieja casa de Beijing con su familia. De vez en cuando lo dejaban salir, pero bajo guardia, como animal de zoológico, para ir a algún balneario o para jugar algunos hoyos solitarios de golf, una de las muchas manifestaciones de la "liberalización burguesa" que se escurrieron a través del viejo sello hermético de China gracias a sus esfuerzos reformistas.