Un nuevo impulso para el Magreb

A la hora de promover el buen gobierno y el desarrollo económico en el mundo árabe, la Unión Europea y Estados Unidos no deberían olvidar el Magreb. Europa no puede ignorar los enormes retos políticos, sociales y de seguridad que confronta esta región, y los Estados Unidos no pueden dejar de lado a esa parte del norte de África en su lucha global contra el terrorismo. Hace falta lanzar iniciativas nuevas y ambiciosas – pero también pragmáticas – en las que se combinen los esfuerzos de los protagonistas locales y los actores externos.

La situación de partida no es satisfactoria. La economía argelina depende masivamente de las exportaciones de petróleo y gas, la marroquí se basa en la agricultura (cuya producción obedece en gran medida a la meteorología) y las remesas de emigrantes, mientras que la economía tunecina está íntimamente ligada a los ciclos de demanda europea y al turismo.

Una población muy joven representa un desafío constante para las políticas educativa y de creación de empleo en todo el Magreb. Además, la disputa del Sahara occidental continua frenando una plena normalización de las relaciones entre Argelia y Marruecos.

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