La urgente necesidad de educación en situaciones de emergencia

DAVOS – En un mundo ideal, cada vez que los niños necesitan ayuda, la reciben. Cuando se ven obligados a abandonar sus hogares o aulas a causa de guerras, desastres naturales u otras crisis, la comunidad internacional formularía en cuestión de días un plan para asegurar su inmediato bienestar, contemplando no sólo intervenciones para salvar vidas, sino también espacios de apoyo psicológico y aprendizaje que ofrezcan oportunidad y esperanza. Esos lugares existen: se llaman escuelas.

Por desgracia, nuestro mundo está muy lejos de ser ideal. Cuando los niños necesitan ayuda, los días se vuelven semanas y meses. Cientos de niños desesperados pasan a ser miles y, finalmente, millones. La esperanza cede el paso a una larga miseria que no dura unos pocos meses o un año, sino en promedio más de una década. Quedan excluidos de ir a la escuela, se les cierran las oportunidades y se ven condenados a vivir en condiciones insostenibles, víctimas del trabajo infantil o la mendicidad forzada, el matrimonio por conveniencia, el tráfico humano, las pandillas juveniles o las organizaciones extremistas.

Lo que ha sucedido en los últimos años Sudán del sur, el norte de Nigeria e Irak (y en Jordania y el Líbano, donde a cientos de miles de niños refugiados sirios se les niega la posibilidad de volver a la escuela) son ejemplos abrumadores de la necesidad de un nuevo fondo humanitario para la educación en situaciones de emergencia. También viene al caso lo

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