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La reforma de la política de machos

Las democracias de América Latina oscilan entre las que son modelos para el mundo –Chile, Costa Rica y Uruguay- y las que, como Guatemala, Haití y Venezuela, son tan deficientes, que resulta dudoso que se pueda llamarlas democracias. Las democracias de esa región afrontan innumerables peligros, pero un problema decisivo sí que se podría resolver de forma relativamente fácil: la escandalosa infrarrepresentación de las mujeres en sus órganos legislativos.

Pese a que hay algunas mujeres destacadas en la política latinoamericana, la falta general de mujeres en la vida política de esa región causa un grave déficit democrático. La infrarrepresentación de las mujeres en los órganos legislativos no es sólo un símbolo de deficiencias en el funcionamiento de las democracias latinoamericanas; también significa que las legisladoras no consiguen hacer entrar en juego sus planteamientos, intrínsecamente diferentes, para la formulación de políticas.

Sólo el Senado argentino tiene una composición en más de un 40 por ciento femenina, mientras que la Asamblea Legislativa de Costa Rica y la Cámara de Diputados argentina son los únicos órganos legislativos que superan la barrera del 30 por ciento. En nueve órganos legislativos de la región, las mujeres representan el 10 por ciento o menos de sus miembros.

Entre 1991 y 2000, doce países latinoamericanos aprobaron una legislación que requería porcentajes mínimos de mujeres en las listas de candidaturas de los partidos a las elecciones de los legisladores nacionales, pero, pese a dicha legislación, el porcentaje de legisladoras en muchos de esos países sigue siendo muy bajo.