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¿Quién debería dirigir el FMI?

CAMBRIDGE – Siempre que el Fondo Monetario Internacional espera el nombramiento de un nuevo director gerente, los críticos se quejan de que ya es más que hora de que el elegido proceda de un país con un mercado en ascenso, pero con lamentos no se cambiará la injusta tradición de 60 años por la que un europeo encabeza el FMI y un americano el Banco Mundial. Solo si los países con mercados en ascenso se unen tras un solo candidato, tendrán alguna posibilidad de conseguir el puesto.

Lamentablemente, tampoco es probable que así sea en esta ocasión, por lo que volverá a ocupar ese puesto otro europeo. Al fin y al cabo, el tan repetido principio de que se debe elegir al Director Gerente del FMI en función de sus méritos y no de su nacionalidad no tiene por qué significar un abandono del procedimiento del pasado. La ministra francesa de Hacienda, Christine Lagarde (propuesta por Europa) es impresionante y capaz.

Pero la afirmación de que la actual crisis de la deuda soberana en la periferia de Europa es una razón para nombrar a un europeo no es acertada. (La propia Lagarde parece reconocerlo.)

Europa ha perdido su implícita pretensión de ser la mejor suministradora de personas serias y con la experiencia necesaria para dirigir el sistema monetario internacional. En determinado momento, pudo haber habido algo de razón a ese respecto. En el decenio de 1980, por ejemplo, el FMI estuvo dirigido por directores gerentes muy capaces procedentes de Francia, durante un período en el que en el mundo en desarrollo imperaban enormes déficits presupuestarios e incluso hiperinflación, pero eso es cosa del pasado.