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La renovación de las Naciones Unidas

Para un funcionario de las Naciones Unidas, hablar de la reforma del sistema internacional es como para un inglés hablar sobre el tiempo: es un tema de conversación cotidiana, pero siempre parece que un cambio real está más allá del horizonte. El miércoles, 166 jefes de estado y gobierno se reunirán en Nueva York para una cumbre que, esperamos, significará un paso importante para el proceso de reformas.

Los embajadores en Nueva York están trabajando ahora día y noche para afinar los detalles de las actuales propuestas de reforma. Sin embargo, sea lo que sea que lleguen a acordar, como antiguo funcionario de las  Naciones Unidas estoy consciente de cuánto ya ha cambiado la ONU desde que ingresé a ella, hace 27 años. 

Si en esa época hubiera sugerido a mis superiores que un día la ONU sería observadora e incluso organizaría elecciones en estados soberanos, que realizaría inspecciones minuciosas para encontrar armas de destrucción masiva, que impondría completas sanciones sobre todo el comercio de importaciones y exportaciones de un estado miembro, o que crearía tribunales penales internaciones y presionaría a los gobiernos para que entregaran ciudadanos de sus países para ser juzgados por extranjeros bajo la ley internacional, me habrían dicho que yo no entendía de qué se trataba la ONU.

Y sin embargo la ONU ha hecho todo esto, y más, en las últimas dos décadas. Ha administrado territorios, ha realizado enormes operaciones multidimensionales de pacificación, con cerca de 80.000 soldados en terreno, y ha desplegado monitores de derechos humanos para informar sobre el comportamiento de gobiernos soberanos. En pocas palabras, la ONU ha sido una institución altamente adaptable, que ha evolucionado en respuesta al cambio de los tiempos.