Bill Hinton/Getty Images

El lado real de las noticias falsas

NUEVA YORK – Los modernos dispositivos digitales y las redes sociales presentan tanta información que ni el lector más entendido puede evaluarla toda. Parece que viviéramos en una versión del “mundo feliz” de Aldous Huxley, con la verdad sumergida en un mar de banalidades. Pero no hay que resignarse a un futuro tan distópico como parece preanunciar el presente.

La proporción de estadounidenses que leen las noticias en las redes sociales creció velozmente estos últimos años, llegando al 62% en 2016. Y sin embargo, según una encuesta reciente realizada por el Pew Research Center a profesionales de medios, académicos, expertos en tecnología y editores, Internet se ve cada vez más como una cloaca llena de odio, rabia y trolling.

Gran parte de lo que nos entra por la puerta digital estos días puede calificarse como “noticias falsas”: patrañas, propaganda y otras formas de desinformación. Pero aunque es un rótulo útil para un problema muy real, su mero uso no esclarece si es cierto que vivimos en un mundo de “posverdad”, y a quién cabe la responsabilidad si así fuera. Para responder estas preguntas, debemos examinar la infraestructura de las noticias falsas.

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