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El recuento de los votos en Kenya

Kenya está en llamas tras las elecciones presidenciales del 27 de diciembre que muchos creen que estuvieron manipuladas para asegurar la reelección de Mwai Kibaki. Los opositores de Kibaki salieron a las calles, el gobierno dio órdenes de tirar a matar y cientos de personas han muerto a manos de la policía, de grupos armados y a causa de la violencia interétnica. Estados Unidos ha encabezado la respuesta diplomática internacional, pero su enfoque está muy errado.

La participación fue muy elevada y muchos kenyanos esperaron bajo el ardiente sol durante varias horas para entrar a las casillas electorales en todo el país. Los primeros votos que se contaron fueron los correspondientes al parlamento de Kenya, y los ministros del gobierno de Kibaki fueron rotundamente derrotados en sus circunscripciones locales. La principal alianza opositora, encabezada por Raila Odinga, obtuvo alrededor de 100 escaños, contra unos 30 para Kibaki. Parecía muy probable que el escrutinio de la elección presidencial mostraría igualmente que Odinga había derrotado a Kibaki por un amplio margen.

En efecto, así sucedió en los primeros momentos del recuento. A medida que los totales de las casillas de todo el país llegaban a Nairobi, Odinga iba acumulando una ventaja de varios cientos de miles de votos. Entonces comenzaron los problemas. Las cuentas de los votos en la zona del centro de Kenya de donde es originario Kibaki se retrasaron. Los observadores independientes de la Unión Europea y otros lugares comenzaron a informar sobre irregularidades graves en los bastiones de Kibaki, donde se negó el acceso a las casillas a los representantes de los partidos de oposición.

Las cosas se hicieron aún más turbias cuando se reunieron y registraron los resultados en la Comisión Electoral de Kenya (CEK). Según las pruebas detalladas presentadas por la oposición, los escrutinios procedentes del campo, que ya estaban inflados a favor de Kibaki, se volvieron a manipular para asignarle más votos. Como resultado, la CEK registró muchos más votos para la elección presidencial que para la parlamentaria, aun cuando se indicó claramente –de hecho se exigió-- a los electores que emitieran un voto para cada elección.