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Reconstruir las ruinas de Gadafi

TRÍPOLI.– Con la creación de un nuevo gobierno, los líderes libios finalmente deberían poder centrarse en organizar la transición del estado autoritario que heredaron al más pluralista que imaginaron. Pero, ¿están dispuestos y son capaces de lograrlo?

En los Estados Unidos, el debate se ha centrado en los pasos que debe seguir el gobierno libio. El senador Robert Menéndez afirma que «debe actuar rápidamente para abrazar una reforma democrática», mientras que los especialistas en desarrollo internacional, como Manal Omar, del Instituto Estadounidense para la Paz, creen que el éxito radica en cultivar una sociedad civil vigorosa.

Esas posturas, sin embargo, no consideran la particular historia libia y tratan a ese país como si fuese uno más del tercer mundo, con necesidad de soluciones genéricas. De hecho, solucionar los problemas del país requiere la construcción de instituciones estatales sólidas.

Desde que Libia logró su independencia en 1951 ha sido un estado fracturado. Los gobernantes dependieron de tribus leales y camarillas limitadas para mantener sus regímenes. Bajo la monarquía que dirigió al país entre 1951 y 1969, los parientes y el círculo de allegados del rey Idris condujeron sin miramientos las jóvenes instituciones estatales. Idris, más interesado en reinar que gobernar, desatendió las instituciones públicas... y estas decayeron.