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Realismo en Iraqpor Joschka Fischer


Si Estados Unidos se apegara a su interés nacional, se retiraría de Iraq lo antes posible porque la guerra ya no puede ganarse. Está debilitando a la potencia líder de Occidente y fortaleciendo a sus enemigos. Pero Estados Unidos no puede retirarse sin que toda la región caiga en el caos.


Estados Unidos quería establecer un Iraq democrático. En cambio, tras una retirada de Estados Unidos, el país podría descomponerse, lo que tal vez conduciría a una “balcanización” del Medio Oriente con consecuencias extremadamente peligrosas para la toda la región.


Con la guerra en Iraq, Estados Unidos también buscaba iniciar una transformación democrática en todo el Medio Oriente. En cambio, ha ayudado a Irán a alcanzar un predominio regional que ese país jamás hubiera logrado por sí solo. Si Estados Unidos se retirara ahora, en vez de una transformación democrática, el Medio Oriente se enfrentaría a una guerra de todos contra todos por la hegemonía regional.
No hay indicios de que Bush logre entender esta amarga realidad en los meses restantes de su mandato. Si admitiera la derrota, su presidencia se derrumbaría. Por lo tanto, le heredará la guerra a su sucesor. Esto podría ser ventajoso para los fines internos de Bush pero, como política exterior, sólo conseguirá que aumente el riesgo de una explosión en el Medio Oriente.


El enfoque actual estadounidense de colaboración con las milicias sunitas conlleva el riesgo de un desgajamiento definitivo de Iraq en tres partes. La pregunta clave es si la desintegración de Iraq se podrá contener dentro de sus fronteras o si resultarán afectadas grandes partes de la región.
La desintegración de Iraq conduciría a una guerra de sucesión no declarada entre sus vecinos y otras potencias de la región. Además, en el Medio Oriente no existe una red de seguridad como la Unión Europea que ha ayudado a los Balcanes a salir del abismo.
La única salida de este dilema es fijar un objetivo factible y realista. En lugar de lograr la victoria, el objetivo debe ser alcanzar un mínimo de estabilidad -y esto todavía parece realizable. En efecto, sólo se puede lograr el retiro militar estadounidense de Iraq sin que se produzca una catástrofe regional seria si Estados Unidos consigue establecer un mínimo de estabilidad regional. Eso requiere un consenso sostenible que incluya a todas las partes involucradas.
El futuro de Iraq, si es que todavía tiene, dependerá, antes que nada, de los chiítas, los sunitas y los kurdos iraquíes; y en segundo lugar, de los vecinos de Iraq y sus intereses y cálculos de riesgo. Pero incluso si Iraq se desintegra después de la retirada estadounidense, será de vital importancia contener las consecuencias de esa desintegración dentro de las fronteras de Iraq. Esto requerirá de un consenso regional que solamente Estados Unidos puede generar.