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Las verdaderas raíces del populismo

MONTEVIDEO – La globalización desbocada ha destruido empleos, ha causado el estancamiento de los ingresos de la clase media y ha profundizado la desigualdad de ingresos. Frente a esto, los votantes ventilan su ira volcándose hacia políticos populistas. Si no damos un paso que nos distancie de manera radical de las políticas económicas liberales, el populismo será imparable.

Esta narrativa es simple y cada vez más popular. También es totalmente equivocada.

Precisamente porque el populismo –ya sea de izquierda (Hugo Chávez en Venezuela, Podemos en España) o de derecha (Donald Trump en Estados Unidos, el Frente Nacional en Francia)– es feo, amenazante y destructivo, su creciente fuerza exige una explicación matizada. La comprensión débil de sus causas llevará a soluciones mal concebidas, y entonces puede que el populismo de veras se torne imparable.

Uno de los problemas de la sabiduría convencional emergente es que mezcla tres conjuntos de factores que deben mantenerse separados para propósitos de análisis y diseño de políticas. La desregulación del mercado de productos y la caída de las barreras comerciales pertenecen a lo que los académicos llaman la  microeconomía. La flujos internacionales de capital que desestabilizan las economías y la austeridad fiscal autodestructiva (Prueba A: la eurozona) forman parte de la macroeconomía. La disminución de los costos del transporte y las nuevas tecnologías que ahorran mano de obra caen bajo la rúbrica de cambio estructural exógeno. Echar estas tres cosas en el mismo saco bajo el nombre de globalización solo causa confusión.