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La necesidad de reformular las sanciones comerciales

El Congreso de EEUU ha votado casi unánimemente (418 a 2 en la Cámara de Representantes y 94 a 1 en el Senado) por endurecer las sanciones financieras y comerciales contra Myanmar, cuyo régimen despótico acosa y ha puesto varias veces en prisión a la legítima líder del país, Aung San Suu Kyi. Aung San Suu Kyi ganó las elecciones presidenciales de 1990, pero los militares le impidieron asumir el poder.

Pero las sanciones son el enfoque errado, ya que la marginación internacional por lo general daña a los ciudadanos comunes y corrientes mucho más que a los regímenes dictatoriales. Es tiempo de limitar el uso de las sanciones económicas y afinarlas para que afecten más eficazmente a los déspotas.

Las sanciones más conocidas en la historia reciente fueron las impuestas a Sudáfrica durante la época del apartheid. Gran parte de la comunidad mundial dejó de comerciar con este país y de invertir en empresas de origen sudafricano. Parece ser que estas sanciones ayudaron a que acabara aquél bárbaro sistema. Pero un gran éxito no hace perder de vista los muchos fracasos. Más aún, es bastante posible que la comunidad mundial hubiera podido terminar con el apartheid de otros modos.

Por supuesto, las sanciones pueden ser eficaces para afectar la economía del país que las recibe. El desarrollo económico en la economía globalizada de hoy en día depende de que cada país esté integrado a la red mundial de producción, comercio e inversión. Si una economía nacional es excluída de ella mediante sanciones, lo más probable es que se estanque o incluso colapse.