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Reorientar la política exterior de los Estados Unidos

NUEVA YORK – Hace unos cuarenta años, cuando entré a la Universidad de Oxford como estudiante de posgrado, indiqué que me interesaba estudiar Medio Oriente. Me informaron que esta parte del mundo se clasificaba entre los “Estudios Orientales”, y que me asignarían el profesor adecuado. Sin embargo, cuando llegué a la oficina de mi profesor para tener una primera reunión, observé que sus libreros tenían obras con caracteres chinos. Mi profesor era especialista en lo que era, al menos para mí en ese entonces, el Oriente equivocado.

Algo parecido a este error le ha sucedido a la política exterior estadounidense. Los Estados Unidos se han preocupado por Medio Oriente –en cierta forma, el Oriente equivocado- y no han prestado la atención necesaria a Asia oriental y el Pacífico, donde se escribirá gran parte de la historia del siglo XXI.

La buena noticia es que ese foco de atención está cambiando. En efecto, la política exterior estadounidense está teniendo una transformación silenciosa, que es importante y, desde hace tiempo, necesaria. Los Estados Unidos están volviendo a descubrir Asia.

“Redescubrir” es la palabra clave aquí. Asia fue uno de los dos principales escenarios de la Segunda Guerra Mundial, y de nuevo volvió a ocupar un papel central junto con Europa durante la Guerra Fría. De hecho, los dos grandes conflictos del periodo –las guerras en Corea y en Vietnam- se pelearon en el continente asiático.