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Volver a usar el DDT

PALO ALTO – El cofundador de Microsoft, Bill Gates, es fascinante. Al igual que el boletín anual de 19 páginas que describe el trabajo de la Fundación Bill and Melinda Gates, la institución de filantropía más grande del mundo. Sin embargo, para alguien tan inteligente como Gates que puede darse el lujo de contratar expertos en cualquier tema, algunas de las estrategias de su fundación son desconcertantes.

Considérese el enfoque de su fundación para el tratamiento de la malaria, que se concentra en los mosquiteros, una medida de baja tecnología y apenas moderadamente eficaz; y en el desarrollo de una vacuna, que se ha intentado aplicar de manera intensiva durante décadas sin resultados. Este enfoque ignora una forma antigua, barata y segura para controlar el vector –el mosquito anofeles- que propaga la enfermedad: el producto químico DDT.

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La malaria es un flagelo, en particular para los habitantes de países tropicales pobres. Cuarenta y un por ciento de la población mundial vive en áreas en donde se transmite la malaria, con casos anuales que van de los 350 a los 500 millones.

La enfermedad impone costos sustanciales a las personas, familias y gobiernos. Los costos para las personas y sus familias incluyen medicamentos, viajes a las clínicas, tiempo de escuela y trabajo perdido y gastos para medidas preventivas. Los costos para los gobiernos incluyen el mantenimiento de los servicios de salud, la adquisición de medicamentos y suministros, los tratamientos de salud pública como la fumigación con insecticidas o la distribución de mosquiteros con insecticida, y pérdidas de ingresos procedentes de impuestos y turismo.

Dichos costos son una enorme carga económica en los países proclives a la malaria e impide su desarrollo. Se ha estimado que el crecimiento económico anual en los países con una alta incidencia de malaria es de 1.3 puntos porcentuales inferior al de de otros países.

Los medicamentos llamados artemisininas son seguros y muestran una acción rápida y potente contra la malaria. En combinación con otros fármacos contra la malaria, se han usado con eficacia durante varios años para tratar la malaria resistente a medicamentos múltiples. Sin embargo, la resistencia ha surgido y sin duda aumentará, por lo que ante la falta de una vacuna, la eliminación de los mosquitos que propagan la enfermedad es la clave para prevenir epidemias.

Por desgracia, las políticas públicas deficientes limitan las opciones disponibles.

En 1972, con base en los datos sobre la toxicidad para los peces y las aves migratorias (pero no para los humanos), la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos prohibió prácticamente todos los usos del DDT, un insecticida asequible y eficaz que alguna vez fue ampliamente usado para matar insectos transmisores de enfermedades. Subsecuentemente, el DDT se prohibió para el uso agrícola en todo el mundo en virtud del Convenio de Estocolmo de 2001 sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, que estigmatizó ese producto y constituyó efectivamente una prohibición.

Un principio básico de toxicología es que la dosis crea el veneno. Aunque el DDT es (modestamente) una sustancia tóxica, hay un mundo de diferencia entre aplicar grandes cantidades de ésta en el medio ambiente –como hacían los granjeros antes de la prohibición- y usarla con cuidado y moderación para combatir los mosquitos y otros insectos portadores de enfermedades. (Cuando se llega a usar ahora, se hace en espacios cerrados en pequeñas cantidades para prevenir que los mosquitos aniden.)

Las instancias de regulación que prohibieron el DDT tampoco pudieron prever la insuficiencia de alternativas. Debido a que persiste después de la fumigación, el DDT funciona mucho mejor que muchos pesticidas ahora en uso, algunos de los cuales son tóxicos para los peces y otros organismos acuáticos. Ante la falta de disponibilidad de DDT, muchas autoridades de control de mosquitos están agotando sus presupuestos al repetir las fumigaciones con insecticidas marginalmente eficaces con acción de corto plazo.

Además, incluso si los mosquitos se hacen resistentes a los efectos fulminantes del DDT, aún así éste los repele. Aplicar de vez en cuando DDT en los marcos de ventanas y puertas es muy efectivo. Los expertos de Bill Gates parecen estar conscientes de ello; el boletín anual de la fundación contiene una única mención sobre el DDT: “En los años cincuenta y sesenta, el mundo esperaba que la [malaria] podría eliminarse matando los mosquitos con DDT, pero esa táctica falló cuando los mosquitos se hicieron resistentes al químico.”

Desde la prohibición del DDT, las enfermedades transmitidas por insectos como la malaria y el dengue han estado aumentando. De hecho, el enorme número de enfermedades transmitidas por mosquitos ha hecho que algunas autoridades de salud pública estén pensando en volver a usar el DDT. En 2006, después de que hubo 50 millones de muertes que se pudieron haber prevenido, la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas dio marcha atrás y respaldó el uso del DDT para matar y repeler los mosquitos anofeles. Arata Kochi, el funcionario de la OMS encargado de la malaria señaló, “debemos tomar una postura que esté basada en la ciencia y en los datos. Una de las mejores herramientas que tenemos para combatir la malaria es la fumigación residual en espacios cerrados. De los aproximadamente doce insecticidas que la OMS ha declarado que son seguros para la fumigación en los hogares, el más efectivo es el DDT.”

Sin embargo, las políticas basadas en la ciencia y los datos tienen una corta vida media en las Naciones Unidas. Sin hacer mucho ruido, en mayo de 2009 la OMS, junto con el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente volvió a respaldar métodos menos efectivos para prevenir la malaria anunciando que su objetivo era “lograr una reducción de 30% en la aplicación de DDT en todo el mundo para el 2014 y su eliminación gradual para principios de los años 2020, si no es que antes.” Ante la falta de vacunas efectivas o nuevos medicamentos contra la malaria –y el financiamiento y la infraestructura para distribuirlas- esta decisión equivale a un homicidio masivo, un triunfo de la política ambiental radical sobre la salud pública.

¿Cómo podemos drenar el pantano de las políticas públicas?

Primero, los gobiernos deben revaluar la gran cantidad de datos sobre el DDT que se han recopilado desde los años setenta, y deben hacer que el DDT esté disponible inmediatamente para el control de mosquitos en interiores.

Segundo, los gobiernos deben oponerse a las restricciones internacionales al DDT y retener todos los fondos a los organismos de las Naciones Unidas que se nieguen a usar “la mejor tecnología disponible” (incluido el DDT) para controlar las enfermedades transmitidas por mosquitos.

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Tercero, las autoridades de salud pública deben realizar una campaña para informar a las autoridades locales y ciudadanos sobre el DDT. Las personas ahora escuchan solamente el sonsonete reflejo contra los pesticidas del movimiento ambiental, el lamentable legado de la ignorante Rachel Carson y sus seguidores.

Finalmente, por supuesto, sería útil que el principal filántropo del mundo utilizara su influencia para desestigmatizar el DDT.