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El milagro de Mazowiecki

VARSOVIA – Era un día caluroso y se vivió un momento tenso. Cuando el primer premier poscomunista de Polonia, Tadeusz Mazowiecki, presentó el programa revolucionario de su gobierno, se tambaleó y pareció desmayarse. Mientras el parlamento abarrotado hacía especulaciones nerviosas, Mazowiecki se escabullía por una puerta lateral para respirar un poco de aire fresco en el cercano Parque Ujazdowski, en el centro de Varsovia.

"¿Quién es?", le preguntó un niño que jugaba en un arenero a su madre. “Nasz premier”, ella le respondió - “Nuestro primer ministro". No era una frase que se había utilizado tan fácilmente para referirse a los líderes comunistas de Polonia en los 40 años anteriores.

Cuando Mazowiecki regresó al estrado, pidió disculpas y, con su mordacidad habitual, sugirió que la economía polaca estaba tan inestable como él. Tenía razón.

El comunismo había dejado a Polonia política y económicamente en bancarrota. La ideología marxista se había vuelto apenas una fachada; ni los funcionarios del partido comunista pretendían creer en ella. La economía de Polonia, al borde de un colapso inmediato, luchaba por satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos, ni qué hablar de pagar los préstamos extranjeros.