El resurgimiento de la medicina racial

No se suponía que tenía que ser de esta manera. En la primavera de 2000, Francis Collins y Craig Venter anunciaron en una conferencia de prensa en la Casa Blanca que se había completado "el primer borrador" del mapeo y secuenciamiento del ADN humano. Con la aprobación del Presidente Bill Clinton y el Primer Ministro Tony Blair, Collins y Venter concordaron en que en un nivel molecular no tenían sentido las clasificaciones raciales; los seres humanos tenemos en común un 99,9% de nuestro ADN. Los medios informativos de todo el mundo recogieron la noticia, intrigados por la refutación definitiva del paradigma racial por parte de la ciencia.

No tan rápido. Si bien podemos tener en común el 99,9%, hay tres mil millones de pares base de ADN humano, lo que deja al menos tres millones de puntos de diferencia (polimorfismos de nucleótido único, o SNP) entre dos personas cualquiera. Armada con la promesa de una nueva y potente tecnología computacional, la atención científica se está centrando en ese 0,1% de diferencia genética.

¿Por qué la ciencia dio un giro completo, después de sólo unos años, desde repudiar la existencia de diferencias raciales entre los seres humanos a generar casi una obsesión con ellas?

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