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La inescrutable contracción de China

CAMBRIDGE – Mientras que casi todos los países del mundo están tratando de fomentar el crecimiento, el gobierno de China intenta desacelerarlo para llegar a un nivel sostenible. A medida que China se transforma en una economía más impulsada por la demanda interna y más orientada a los servicios, una transición a un crecimiento menor es inevitable y deseable al mismo tiempo. No obstante, los desafíos son enormes y no debe esperarse que el proceso sea fácil.

Al crecer la economía de China en relación con la de sus socios comerciales, la eficacia de su modelo impulsado por las exportaciones inevitablemente tiene que disminuir. Como corolario, también deben decrecer los rendimientos de las enormes inversiones en infraestructura, dedicadas en su mayoría a sostener el crecimiento de las exportaciones.

El consumo y la calidad de vida deben aumentar, a pesar de que la contaminación del aire y la escasez del agua se estén agudizando en muchas zonas. Sin embargo, en una economía en la que la deuda se ha disparado a más del 200% del PIB, no es fácil controlar el crecimiento gradualmente sin  provocar el fracaso generalizado de proyectos de inversión ambiciosos. Incluso en China, donde el gobierno tiene fondos suficientes para amortiguar la caída, una quiebra de la magnitud de la de Lehman Brothers podría causar un grave pánico.

Pensemos en lo difícil que resulta llevar a cabo un aterrizaje suave en las economías basadas en el mercado. Los ciclos de restricciones monetarias han provocado o agravado muchas recesiones. El expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, se ganó el calificativo de “el maestro” en los años noventa porque logró desacelerar la inflación y conservar un crecimiento firme al mismo tiempo. La idea de que controlar las restricciones es más fácil en una economía con planificación centralizada en la que los encargados del diseño de políticas deben basarse en señales de mercados mucho más ruidosos es muy cuestionable.