Mario Draghi ECB/Flickr

Un placebo llamado flexibilización cuantitativa

BRUSELAS – Ha transcurrido ya casi medio año desde que el Banco Central Europeo declaró su intención de comprar alrededor de 1,1 millón de millones de euros (1,3 millón de millones de dólares) en bonos de la eurozona. Cuando se anunció por primera vez el denominado “programa ampliado de compra de activos” en el mes de enero, el BCE enfatizó que sólo se estaba expandiendo un programa ya existente, en virtud del cual esta institución ya había estado comprando cantidades modestas de bonos del sector privado, para cubrir títulos-valores gubernamentales. Sin embargo, esta pretensión de continuidad fue sólo eso: una pretensión.

En realidad, mediante la compra de grandes cantidades de bonos gubernamentales, el BCE estaba tomando un camino sin vuelta atrás; al fin de cuentas, esta institución tiene expresamente prohibido brindar financiación a los gobiernos. En su defensa el BCE argumentó que el programa era la única manera de mover la inflación más cerca de su objetivo de aproximadamente el 2%. Por otra parte, señaló que  meramente estaba siguiendo el ejemplo de otros grandes bancos centrales, entre ellos: el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, y en especial la Reserva Federal de Estados Unidos, cuyo programa de flexibilización cuantitativa (FC) implicó la compra de más de 2 millones de millones de dólares en títulos a largo plazo, desde el año 2008 al 2012.

Dejando de lado la incertidumbre jurídica, la determinación de que si la decisión del BCE sobre implementar la FC puede o no justificarse, en última instancia, depende del impacto que tiene esta política. Pero, después de seis meses, dicho impacto sigue siendo difícil de evaluar.

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