0

El origen de las primaveras árabes en Qatar

CAMBRIDGE – Estos días corre por Oriente Medio el siguiente chiste: tres de los ex presidentes de Egipto, Gamal Abdel Naser, Anwar El Sadat y Hosni Mubarak, se encuentran en el infierno y se preguntan mutuamente cómo cayeron. Naser responde: “veneno”; Sadat dice: “asesinato”; y Mubarak responde: “Al Jazeera”.

Durante los quince años que lleva emitiendo desde Qatar, Al Jazeera ha sido algo más que una estación de televisión tradicional. Con su resuelta participación en la política árabe, ha creado una nueva sede para la libertad política, que ha culminado en su apoyo sin reservas a las revoluciones árabes.

Al Jazeera ha ampliado los límites de la información al transmitir noticias en directo sobre los acontecimientos más importantes del mundo árabe y de otras partes. Es una plataforma para los grupos políticos y religiosos de oposición en los países árabes. Acoge a portavoces israelíes y adopta las técnicas de emisión más ultramodernas. En una palabra, ha llegado a ser una marca mundial y un modelo para otros medios de comunicación árabes.

El éxito crea confianza, pero también atrae envidias. A Al Jazeera no le faltan enemigos, desde los fundamentalistas islámicos más radicales hasta los israelíes y americanos encargados de recoger informaciones de inteligencia, y entre esos dos extremos hay un debate encarnizado sobre si Al Jazeera es amiga o enemiga.