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Putinismo en crisis

MOSCU – “Debido a la dura situación económica, se decidió cortar la luz al final del túnel como una medida temporaria". Esta es sólo una de las tantas bromas que circulan por Rusia en estos días, en momentos en que el país enfrenta su crisis más grave en una década.

Habiendo nacido a principios de los años 1960, mi generación recuerda dos crisis. La primera, después del colapso de la URSS, fue casi catastrófica -nada en las tiendas, el país en bancarrota, todos los ahorros perdidos-. La otra afectó a todos pero fue menos severa -la cesación de pagos de Rusia en 1998, que vio una cuádruple devaluación del rublo-. La crisis de hoy es aguda, pero no hay ninguna sensación de que se avecine un Apocalipsis.

Sin embargo, la crisis será severa, no sólo porque los precios de las principales materias primas que exporta Rusia -petróleo, gas y metales- se derrumbaron, sino también porque el gobierno, que creía en su fuerza y su sabiduría sin límites, ahora parece no estar preparado para los desafíos a los que se enfrenta Rusia. Sí, Rusia tiene enormes reservas de oro y divisas, pero se están consumiendo a pasos acelerados. No durarán mucho tiempo si se las gasta al ritmo actual -principalmente en defensa del rublo.

Más importante aún, no hay nadie en el poder que pueda cambiar las políticas económicas del país. Más bien, Rusia está gobernada por "hombres que dicen sí", que sólo pueden estar de acuerdo y repetir: "Como usted diga, señor primer ministro…"; "Como usted desee, señor presidente…". Una razón es que el liderazgo del país hoy parece estar digiriendo la misma información chatarra que se le ofrece a la opinión pública.