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El liberalismo encubierto de Putin

Cuando Vladimir Putin fue electo presidente de Rusia hace poco más de año, la gente esperaba la fuerza de un gobierno firme –algo que la mayoría de los rusos quería y que casi todos los extranjeros temían. En lo político obtuvieron eso exactamente. Sin embargo, en lo económico, el Presidente Putin ha sido un reformador sigiloso que anhela el consenso. Su cautela puede estar funcionando mejor de lo que nadie esperaba.

Cuando el Presidente Putin nombró a German Gref (un reformista de San Petersburgo, la ciudad natal del Presidente) ministro a cargo del desarrollo económico, le ordenó que elaborara una estrategia de largo plazo para la reforma económica. Dada la reputación de Gref, el presidente sabía que cualquier programa que él diseñara se ajustaría a los principios liberales. No obstante, cuando el programa estuvo listo seis meses después, el gobierno solamente aprobó la versión para dieciocho meses, no la estrategia de largo plazo. Se suprimieron todas las medidas relativas a la reforma del Estado

Parecía que el apoyo presidencial para Gref estaba disminuyendo. Al aumentar las críticas en contra de su programa, el Presidente pidió al gobernador de Khabarovsk, Viktor Ishayev, que formulara una estrategia alterna. El plan de Ishayev resultó significativamente más conservador, y se le ordenó a Gref que incorporara los aspectos positivos a su programa.

Lo que sucedió a continuación fue sorpresivo. El programa de Gref se diluyó muy poco, pero ganó un amplio apoyo y el respaldo del presidente. El público aprobó esta supuesta concertación. Al involucrar a Ishayev (uno de los representantes de los rusos viejos y cautelosos) en el proceso, Putin creó la apariencia de un consenso, pero en realidad demostró que no hay una alternativa económica válida para la ruta liberal.