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Putin: la obsesión por la supervivencia en el seno del Kremlin

WASHINGTON – El improbable ascenso de Vladimir Putin al pináculo del poder ruso en 1999-2000 fue en parte el resultado de un consenso de elites sobre la importancia de restablecer el orden en el estado ruso después de una década de crisis doméstica y humillación internacional. Su ascenso era improbable, porque Putin no era un político de carrera, sino alguien cuya visión del mundo estaba forjada por su experiencia en la KGB, una institución que operaba más allá del escrutinio público y sin miedo de restricciones legales o de otro tipo.

La visión del mundo de Putin, sin embargo, dista de ser única en Rusia. Desde sus primeros días en el Kremlin, se estableció como un conservador ruso clásico en busca del objetivo de fortalecer al estado ruso.

El principal objetivo de Putin es el de asegurar la supervivencia de Rusia defendiéndola de las amenazas a su integridad territorial, su soberanía política y su identidad nacional. De la misma manera que los oficiales de la KGB se describían a sí mismos como los máximos protectores del estado soviético, Putin cree que él solo es capaz de contrarrestar de manera efectiva las amenazas que enfrenta Rusia. En este sentido, es una persona obsesionada por la supervivencia, que cree que no tiene otra opción que la de ejercer el poder. Y, como oficial de la KGB, transforma a la gente en activos que cumplirán sus objetivos.

Fronteras para adentro, Putin se concentró el año pasado en lidiar con sus oponentes -cooptando a algunos e intimidando a otros al transformar los sistemas legal y penal rusos en instrumentos mochos de represión-. En el exterior, tomó medidas para mitigar las repercusiones en Rusia de una serie de sacudidas políticas y económicas externas.