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El irónico potencial de Putin

MOSCÚ – La recuperación de la presidencia rusa por parte de Vladimir Putin ha sido recibida con un escarnio generalizado, tanto en el país como en el exterior. Pero el retorno del autócrata al Kremlin podría ser la mejor esperanza que tiene Rusia de escapar al estancamiento.

Con su desdén manifiesto por la sociedad rusa -ejemplificado en su respuesta socarrona a las manifestaciones generalizadas-, además de su ignorancia, su buena disposición para sofocar el disenso y el miedo a la competencia, Putin, sin ayuda de nadie, derribó el viejo mito que él mismo propagó: el poder personalizado puede modernizar al país manteniendo al mismo tiempo la estabilidad.

Sin duda, el Kremlin de Putin -y sus cohortes corruptos- todavía es el que manda. Y, si bien su decisión de retornar a la presidencia ha irritado a los elementos más dinámicos de la población urbana de Rusia, los ciudadanos del resto del país siguen estando descontentos pero inactivos. De la misma manera, los intelectuales desmoralizados y la clase política de Rusia, en quienes la población confía para propiciar el cambio, no se preocupan por actuar. El alza global de los precios del petróleo, el miedo endémico al cambio, la falta de una alternativa viable y la dependencia de las dádivas del Estado mantienen a Rusia en un estado de inercia.

Es más, el Kremlin de Putin utilizó a Occidente -ansioso por un compromiso y por reiniciar las políticas con Rusia- para legitimar su régimen autoritario y para ofrecer oportunidades para que sus compinches corruptos se integrasen a la sociedad occidental. De hecho, al utilizar a Occidente para lavar su dinero sucio, Putin y sus cohortes de alguna manera vengaron el colapso de la Unión Soviética minando los principios de Occidente y desacreditando a la democracia liberal a los ojos de la población rusa.