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Las opciones de Putin

BRUSELAS.– El regreso al Kremlin de Vladimir Putin como presidente de Rusia siempre se dio por descontado. Pero, cuando preste juramento el 7 de mayo, retomará el control formal de un país cuya política –incluso el futuro político del propio Putin– se ha tornado impredecible.

El regreso de Putin a la presidencia, luego de un período de control de facto desde el cargo de primer ministro, supuestamente significaría una tranquilizadora continuidad de «lo mismo de siempre»: un estado fuerte y disciplinado vaciado de los efectos potencialmente desestabilizadores de la democracia multipartidaria y las peleas entre políticos.

En lugar de ello, los rusos han desafiado el statu quo. Su reacción al plan de Putin –desde el anuncio por el presidente Dimitri Medvédev de su paso al costado en favor de su mentor en septiembre pasado hasta las elecciones parlamentarias y presidenciales tremendamente viciadas– y el resentimiento acumulado por el masivo enriquecimiento de los compinches del Kremlin, ha puesto presión sobre Putin y el sistema de gobierno verticalista que creó.

La forma en que Putin –un político astuto– responda a esa presión, determinará su legado político. Y la respuesta occidental al regreso de Putin a la presidencia podría tener un profundo efecto sobre su decisión de impulsar reformas en pos de la liberalización que le permita sobrevivir, o seguir sus instintos autoritarios afinados por la KGB y agudizar las protestas.