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Todos los hombrecillos del Presidente

MOSCÚ – Uno por uno, el Presidente ruso Vladimir Putin ha ido sacando de sus cargos a sus asesores más cercanos y antiguos. La víctima más reciente (y seguramente no la última) es Sergei Ivanov, ex agente de la KGB (como el mismo Putin) y ministro de defensa, que acaba de ser obligado a dejar sus funciones como jefe de estado mayor del Kremlin.

Ivanov, dirigente relativamente importante, está siendo reemplazado por un administrador más bien ornamental: Anton Vaino, ex jefe del Directorado del Programa de Protocolos. De manera similar, el reformista ministro de educación y ciencias, Dimitri Livanov, fue despedido y reemplazado por la insulsa burócrata Olga Vasilieva, en lo que resulta ser un inusual nombramiento de una mujer conocida por sus opiniones estalinistas (imaginad al presidente francés dando un puesto importante del gabinete a un funcionario medio perteneciente al Frente Nacional de extrema derecha).

Como de costumbre, Putin no ha dado explicaciones reales para estos cambios, dejando a los “kremlinólogos” (que han resucitado bajo su gobierno) poco material excepto un patrón claro: aquellos que antes podían hablar de igual a igual con el presidente están siendo reemplazados por funcionarios que le deben sus carreras.

¿Por qué ahora? De acuerdo a un miembro del círculo íntimo de Putin durante los primeros años del régimen, la última purga no hace más que reflejar su idea de lo que es una administración eficaz. Hace años, durante una reunión entre Putin y sus plenipotenciarios regionales (que básicamente se encargan de mantener vigilados a los gobernadores regionales), uno de los presentes preguntó al presidente cómo describiría la función de los enviados. Respondió: “Bueno, se supone que son una especie de… funcionarios de enlace”.