Vladimir Putin Alexei Druzhinin/ZumaPress

El sueño soviético de Vladímir Putin

MADRID – El reciente acuerdo nuclear alcanzado por seis grandes potencias mundiales e Irán fue un triunfo del multilateralismo. Si esas mismas potencias (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Alemania) mostraran la misma voluntad de trabajar juntas para resolver otras disputas, el mundo podría entrar a una nueva era de cooperación y estabilidad.

Por desgracia, esa posibilidad parece lejana. Hoy, órdenes regionales de larga data se encuentran amenazados por una variedad de situaciones de competencia y conflicto (desde las actividades chinas en el mar meridional de China hasta el avance continuo de Estado Islámico en Medio Oriente). Pero el conflicto más decisivo (aquel cuya solución influiría sobre todos los demás) probablemente esté en Ucrania, país que se ha vuelto fundamental para las ambiciones expansionistas del presidente ruso, Vladímir Putin.

La anexión unilateral de Crimea y el apoyo ruso a los separatistas del este de Ucrania fracturaron las relaciones de Moscú con Occidente; y Putin ha recreado intencionalmente una atmósfera de Guerra Fría con su prédica de los “valores conservadores” rusos como contrapeso ideológico al orden mundial liberal guiado por Estados Unidos. Sin embargo, hay muchas cuestiones clave (la matanza en Siria, el combate a Estado Islámico, la no proliferación nuclear y la superposición de intereses y reclamos en el Ártico) que no se podrán resolver sin la participación de Rusia.

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