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Putin es una Isla

Ningún hombre es una isla, dijo el poeta John Donne. Si está bien preparado para su cumbre en Moscú y San Petersburgo, el presidente Bush debería ignorar la sabiduría de Donne, pues al interior de Rusia el presidente Putin sí parece ser una isla, aislada, por lo menos entre la élite rusa que ha fallado singularmente en cuanto a aceptar su decisión de anclar firmemente a Rusia a Occidente.

Son muchas las quejas de la élite acerca de la política externa de Putin, pero se centran sobre todo en la noción de que Estados Unidos (EEUU) está pisoteando los intereses de Rusia. Las tropas estadounidenses, se quejan las personas de esa élite, están en las tierras de las exrepúblicas soviéticas de Georgia, Kyrgizstán, Tadjikistán y Uzbekistán. La próxima ola de expansión de la OTAN promete brincar hasta la frontera de Rusia y sin duda sobrepasar las antiguas fronteras soviéticas al incluir a los estados del Báltico. La inversión externa apenas y se ha incrementado.

Putin, argumentan, ha sometido las nociones tradicionales de seguridad de Rusia y no ha recibido nada a cambio de Occidente. Los crímenes que ellos atribuyen a Putin suenan como una acusación de juicio de traición.

Después de tomar sus osados pasos hacia Occidente después del 11 de septiembre, Putin sin duda esperaba recibir elogios y favores a cambio. Claro, la ingratitud de Occidente ha sido bien marcada: EEUU se retiró del Tratado ABM de 1972 y ahora le hizo tragar a Putin un vago tratado de desarme que será firmado durante la cumbre y que permitirá a EEUU no destruir los misiles y las cabezas de los misiles, sino sólo ponerlos en almacenamiento en frío.