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Putin: ¿zar o dux?

Sobre todos los sistemas políticos se pueden formular dos preguntas prácticas: primera, ¿qué es lo que diferencia a unos partidos políticos de otros? Segunda, ¿quién manda?

En la Rusia poscomunista las respuestas fueron durante un tiempo de una claridad meridiana: los partidos estaban divididos entre los que querían regresar a los tiempos soviéticos y los que querían una reforma. ¿Quién mandaba? El Presidente.

Después de doce años de transición, la respuesta a la primera pregunta ha quedado desdibujada. El Partido Comunista se encuentra en una decadencia terminal y las ideologías están desapareciendo. De hecho, cualquiera que esperara un enfrentamiento evidente entre la izquierda y la derecha durante la reciente campaña para la elecciones presidenciales había de quedar defraudado, porque la respuesta a la segunda pregunta es aún más enfática en la actualidad: en ningún momento se abrigaron dudas sobre la reelección del Presidente Putin. Este Presidente manda mucho.

La abrumadora popularidad de Putin, que es auténtica, y su desdibujamiento de todas las divisorias políticas le han brindado una posición inexpugnable. Muchos se lamentan de ese estado de cosas, pero su ascendiente podría ser menos maligno de lo que parece.