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Inversión pública, ¿para qué?

MILÁN – El mundo enfrenta la perspectiva de un prolongado período de débil crecimiento económico. Pero se trata de un riesgo, no del destino. La mejor forma de evitar un resultado de ese tipo es descubrir la forma de canalizar las grandes reservas de ahorro hacia inversiones del sector público que mejoren la productividad.

Las mejoras de la productividad son fundamentales para el crecimiento a largo plazo, ya que habitualmente se traducen en mayores ingresos que, a su vez, impulsan la demanda. Por supuesto, es un proceso que lleva tiempo (especialmente si, por ejemplo, quienes inicialmente reciben ese mayor ingreso ya tienen una elevada tasa de ahorro), pero con abundantes inversiones en las áreas adecuadas, se puede sostener el crecimiento de la productividad.

El peligro reside en las inversiones basadas en deuda que desplazan la demanda del futuro hacia el presente sin estimular el aumento de la productividad. Este enfoque inevitablemente conduce a una desaceleración del crecimiento y hasta puede dar lugar a una crisis financiera como la que recientemente hizo temblar a Estados Unidos y Europa.

Esas crisis causan grandes shocks de demanda negativa cuando los excesos de deuda y las caídas de los precios de los activos perjudican los balances, que luego necesitan un aumento del ahorro para recuperarse: una combinación letal para el crecimiento. Si la crisis tiene lugar en una economía con importancia sistémica, como EE. UU. o Europa (los dos mayores mercados externos para las economías emergentes), el resultado es un déficit mundial de demanda agregada.