Child in Aleppo Karam Al-Masri/Stringer

La protección de la educación en zonas de conflicto

DOHA, LONDRES – En las zonas de conflicto, los más afectados por la violencia suelen ser los niños. El mes pasado, una sucesión de ataques aéreos sobre un complejo escolar en Idlib (Siria) provocó la muerte de al menos 22 niños; y los que viven en la asediada ciudad siria de Alepo han estado expuestos sin escapatoria a bombardeos casi constantes durante meses. Como informó el New York Times en septiembre: “No pueden jugar, dormir o ir a la escuela. Y cada vez más, tampoco pueden comer”.

Unas pocas semanas antes de ese informe, frente a una escuela del sur de Tailandia estalló una bomba justo cuando los padres dejaban allí a sus hijos. La explosión mató instantáneamente a un padre y a su hija de cuatro años, y provocó heridas a otras diez personas. Brad Adams, representante de Human Rights Watch, describió el atentado como un acto de “brutalidad incomprensible”: “Llamarlo crimen de guerra no termina de expresar el daño hecho a las víctimas, o las amplias consecuencias de estos atentados para los niños de la región”.

Y unas pocas semanas antes del atentado en Tailandia, el 13 de agosto, ataques aéreos sobre una escuela en la región noroccidental de Saada en Yemen provocaron la muerte de diez niños y heridas a otros treinta.

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