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Realismo progresivo

Las encuestas en los Estados Unidos muestran una baja aprobación al manejo del Presidente George W. Bush en política exterior, pero poco consenso acerca de qué alternativas tomar. Las desmesuradas ambiciones de los neoconservadores y los nacionalistas más fanáticos produjeron en su primer mandato una política exterior que se asemejaba a un carro con el acelerador a fondo pero sin frenos. Era imposible que no se saliera del camino.

Sin embargo, ¿cómo debería usar EE.UU. su poder sin precedentes, y qué papel deberían jugar los valores? Los realistas advierten contra permitir que los valores determinen la política, pero la democracia y los derechos humanos han sido parte inherente de la política exterior estadounidense por dos siglos. El Partido Demócrata podría solucionar este problema adoptando la sugerencia de Robert Wright y otros de adoptar un “realismo progresivo”.

Una política exterior realista progresiva comenzaría con la comprensión de la fortaleza y los límites del poder estadounidense. EE.UU. es la única superpotencia, pero preponderancia no es sinónimo de imperio o hegemonía. EE.UU. puede influenciar pero no controlar otras partes del mundo.

El poder depende siempre del contexto, y hoy el contexto de la política mundial es como un juego de ajedrez tridimensional. La capa superior de poder militar es unipolar, pero en la capa media de las relaciones económicas el mundo es multipolar, y en la capa inferior (que abarca problemas como el cambio climático, las drogas ilegales, la gripe aviar y el terrorismo) el poder está distribuido caóticamente.