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La privatización del gobierno de Nigeria

Nigeria puede ser audaz diplomáticamente, como lo demuestra su ofrecimiento de asilo al Presidente Charles Taylor de Liberia. Audacia similar va a necesitar para cambiar completamente su moribunda economía.

Nigeria es un paradigma de desarrollo fracasado. Sus ingresos medios figuran entre los más bajos del mundo. La pobreza es endémica, pues más de tres cuartas partes de los nigerianos viven con menos de dos dólares de los Estados Unidos al día y la distribución de la renta es la más sesgada del mundo a favor de los ricos. El dos por ciento de los nigerianos de la cumbre ganan lo mismo que el 55 por ciento de la base.

Ahora que Nigeria está a punto de enterrar los espectros de sus pasadas dictaduras, ha llegado el momento de hacer reformas audaces. Sus dirigentes deben centrarse en una cuestión decisiva: la gestión de los ingresos por el petróleo de Nigeria.

Paradójicamente, la actitud más audaz sería la de que el gobierno dejara de gestionar esos ingresos y cediera una gran parte de esos fondos directamente al pueblo, como se hace en el Estado estadounidense de Alaska y en la provincia canadiense de Alberta. En la primera oportunidad idónea, el Gobierno de Nigeria debe convocar una conferencia de todos los dirigentes nacionales y regionales y lograr un acuerdo sobre una disposición constitucional por la que se garantice a cada uno de los hogares una participación garantizada en los ingresos por petróleo, cuyo importe se determinaría mediante los precios y cuotas imperantes.