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Cómo prevenir el estrés tóxico en los niños

Cambridge – ¿Qué pasaría si los líderes políticos de todo el mundo pudieran mejorar el desempeño escolar y la preparación para entrar al mercado laboral, reducir la criminalidad y aumentar las expectativas de una vida sana –pero supieran que los resultados no se verían hasta después de que hubieran dejado el poder? ¿Tendrían el valor político para actuar ahora por los intereses a largo plazo de sus pueblos o se quedarían empantanados con intentos ineficaces y mal financiados de obtener resultados rápidamente para después decir que no se pudo?

Gracias a una extraordinaria convergencia de conocimientos científicos nuevos sobre el desarrollo del cerebro, el genoma humano y los efectos de las experiencias tempranas en el aprendizaje, la conducta y la salud más adelante, estas no son preguntas hipotéticas. Tenemos los conocimientos para asegurar nuestro futuro mediante la mejora de las perspectivas de vida de todos nuestros niños pequeños. Lo que nos falta ahora es voluntad política y liderazgo.

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Los científicos ya pueden afirmar de manera creíble que en los primeros años de la infancia –desde el nacimiento hasta los cinco años de edad—se crean las bases de la productividad económica, la ciudadanía responsable y una vida de buena salud física y mental. Por el contrario, la pobreza extrema, los abusos, el abandono y la exposición a la violencia en la primera infancia pueden conducir al estrés tóxico.  

En contraste con el estrés normal o tolerable, que puede crear resistencia y calibrar adecuadamente el sistema de respuesta del niño, el estrés tóxico es provocado por la adversidad extrema y prolongada en ausencia de una red de apoyo formada por adultos que lo ayuden a adaptarse. Cuando existe, el estrés tóxico puede dañar de hecho la arquitectura del cerebro en desarrollo y conducir a la alteración de circuitos y el debilitamiento de las bases para el aprendizaje y la salud a futuro.

Los efectos neurobiológicos duraderos en los niños pequeños que experimentan estrés tóxico crean una probabilidad mucho mayor de que exhiban comportamientos antisociales, tengan resultados insatisfactorios en la escuela y el trabajo y mala salud física y mental –todo lo cual representa un costo elevado para la sociedad. La pobreza extrema es sólo uno de los factores de riesgo del estrés tóxico y sus consecuencias a largo plazo.

Los mayores daños son provocados por la carga acumulada de múltiples factores de riesgo, incluyendo el abandono, los abusos, el consumo de drogas o alcohol por los padres o las enfermedades mentales que éstos padezcan y la exposición a la violencia. Con cada factor de riesgo adicional, aumentan las posibilidades de que haya daño a largo plazo en la arquitectura del cerebro.

Las ciencias neurológicas y la biología del estrés nos ayudan a comenzar a comprender cómo la pobreza y otras adversidades se incrustan literalmente en nuestros cuerpos. La activación prolongada del sistema de estrés del cuerpo durante el desarrollo temprano puede dañar la formación de las conexiones neuronales que constituyen la arquitectura de nuestro cerebro y hacer que nuestro sistema de respuesta al estrés reaccione al menor estímulo. De esa forma podemos comprender por qué los niños que nacen en esas circunstancias tienen más problemas en la escuela, una mayor tendencia a cometer crímenes y son más propensos a las enfermedades cardiacas, la diabetes y un gran número de enfermedades físicas y mentales durante su vida.

Mediante la atención a las circunstancias que pueden provocar estrés tóxico –siempre teniendo en mente la pregunta “¿Cuál es la mejor forma de proteger a nuestros niños?”—los líderes locales, nacionales y mundiales podrían mejorar no sólo las perspectivas de vida de sus ciudadanos más jóvenes sino también el panorama de sus sociedades. Existe una amplia gama de políticas y prácticas que apoyan las relaciones y las experiencias de aprendizaje positivas –en casa, en los programas educativos y la atención para la primera infancia y mediante intervenciones específicas—y que pueden tener un impacto favorable si se basan en evidencias sólidas y se hacen coincidir con las necesidades específicas que deben atender.

Más allá de las ventajas a corto plazo para los individuos, se han realizado extensos análisis económicos que demuestran también los beneficios significativos que tienen para la sociedad en años futuros. Las ciencias señalan tres cosas que podemos hacer para igualar las condiciones:

·        Hacer que los servicios médicos y la atención y la educación tempranas estén disponibles para todos los niños;

·        dar mayor apoyo financiero y experiencias educativas ricas a los niños pequeños que viven en la pobreza; y

·        ofrecer servicios especializados a los niños pequeños que experimenten estrés tóxico por sus circunstancias difíciles.

Los principios científicos del desarrollo durante la primera infancia no varían según el ingreso familiar, el tipo de programa y la fuente de financiamiento. En los países avanzados, los programas que identifican las adversidades y responden a las necesidades específicas de salud y desarrollo de cada niño y familia pueden generar beneficios que superan por mucho sus costos. En los países en desarrollo, cambiar la orientación de las inversiones internacionales de una concentración exclusiva en la supervivencia infantil a un enfoque integral de la salud y el desarrollo en la primera infancia es más prometedor que abordar cualquiera de esos campos por separado.

Los niños que sufren de inseguridad económica, discriminación y maltrato significativos son quienes más se benefician de las intervenciones efectivas. Las ciencias neurológicas, el desarrollo infantil y los aspectos económicos de la formación de capital humano indican una misma conclusión: crear las condiciones adecuadas para el desarrollo infantil temprano es mucho más efectivo que tratar de solucionar los problemas más tarde.

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Por último, el liderazgo no es únicamente tomar decisiones económicas inteligentes. Incluye también la responsabilidad moral, la sabiduría, el juicio y la osadía –y utilizar los conocimientos para promover cambios sociales positivos.

Las consecuencias negativas de la pobreza y otras adversidades no son inevitables.. La brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos se está ampliando y es cada vez más inadmisible.  Ha llegado el momento de un liderazgo a favor de los niños vulnerables.