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Debemos prepararnos hoy para el retorno del SARS

Todos los inviernos, millones de personas en todo el mundo que sufren de enfermedades parecidas a la gripe visitan a sus médicos. Algunos pacientes realmente tienen la gripe; otros tienen resfríos u otras infecciones respiratorias, muchas de las cuales también ocurren con mayor intensidad en el invierno. La próxima temporada de gripe tendrá un nuevo elemento: los médicos tendrán que estar alerta a que, ocultos entre estos pacientes, puede haber un pequeño número de personas con SARS o neumonía atípica, una enfermedad respiratoria que también es probable que se dé por temporadas y cuyos primeros síntomas son casi imposibles de distinguir de los de la gripe.

Si hay incluso unos pocos casos de SARS presentes entre los millones de casos semejantes a la gripe que surgirán este otoño, será fundamental identificar y aislarlos para prevenir que se repita la epidemia que asoló a China a comienzos de este año. Pero será difícil detectar estos casos de entre la enorme cantidad de casos de gripe y otras afecciones. Paradójicamente, la mejor manera de que las autoridades sanitarias se preparen para un posible retorno del SARS este invierno es, simplemente, hacer un esfuerzo especial para reducir la diseminación de la gripe y acelerar su diagnóstico.

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Esta puede ser una difícil tarea desde el punto de vista político. Desgraciadamente, aunque no era difícil suponer que ocurriría, el notable éxito de las iniciativas que en todo el mundo se han llevado a cabo para controlar la transmisión del SARS (particularmente en Taiwán y China continental) ha hecho que algunos se pregunten si la amenaza del SARS había ``sido exagerada''. Pero la razón misma por que nos podemos dar el lujo de hacer preguntas como ésa es que el avance de la infección se contuvo mediante medidas excepcionalmente drásticas.

El aislamiento rápido y eficaz de los casos infectados, junto con un rastreo y monitoreo eficientes de las personas con quienes los infectados por SARS estuvieron en contacto, permitieron que las autoridades sanitarias de Hong Kong, Toronto, Singapur y Vietnam pudieran contener la epidemia. La inspección a los viajeros provenientes de regiones afectadas puede haber evitado una epidemia importante en otras partes del mundo. Las autoridades de salud de todo el planeta deberían mantener su vigilancia y prepararse para la posibilidad de que haya que llevar a cabo nuevas iniciativas de control si el SARS vuelve a surgir.

De hecho, la experiencia con el SARS en Toronto, donde hubo casos que escaparon a la detección, causando un segundo foco de la enfermedad, es una advertencia contra el exceso de optimismo acerca del aparente control de los focos más grandes y geográficamente más dispersos en Taiwán y China continental. De hecho, esta epidemia se puede eliminar del todo en los próximos meses, pero existe al menos la probabilidad de que subsista un foco de transmisión o de que el virus vuelva a pasar desde los animales a las poblaciones humanas.

Como otras infecciones respiratorias, el SARS puede ser más fácil de contraer o volverse más difícil de tratar (o ambas cosas) durante el invierno. Serán necesarias medidas de control de infecciones y una vigilancia continua para asegurarnos de que los logros de los últimos meses no queden en nada, a causa de unos pocos casos sin detectar que lleguen a zonas en donde el SARS pueda volver a diseminarse con facilidad.

La vigilancia no será fácil. El SARS es difícil de diagnosticar definitivamente y, durante la temporada de gripe, será mucho más fácil que un caso de SARS quede sin detectar. Con los exámenes actuales, es imposible verificar que un paciente ha sido infectado con SARS sino hasta varias semanas después de iniciados los síntomas.

La experiencia en todo mundo demuestra que los casos de SARS se deben aislar dentro de unos pocos días después de la aparición de los síntomas, con el fin de controlar la diseminación del virus. El dilema es que jugar a la segura (tratando cada enfermedad parecida a la gripe con las precauciones apropiadas para el SARS) se convertiría en una enorme carga logística, operacional y financiera para los sistemas de atención de salud. Pero si se hace caso omiso a la posibilidad de que dichos pacientes sean casos de SARS, se corre el riesgo de que surjan nuevos focos de la enfermedad.

No tenemos vacunas ni exámenes rápidos para el SARS, pero sí los tenemos para la gripe. Necesitamos usarlos. Deben aumentarse las existencias de vacunas contra la influenza, de modo que más personas puedan ser inoculadas. Se deberían llevar a cabo iniciativas adicionales para estimular a la población a que se vacune contra la gripe, incluyendo a aquéllos que están fuera de los grupos ``objetivo'' tales como la gente de la tercera edad y los trabajadores de la salud.

Al prevenir la influenza, esta vacunas reducen la cantidad de personas que es necesario evaluar para detectar el SARS. Ya existen los ``kits'' para el diagnóstico rápido de la infección de influenza. Si más médicos pueden acceder a ellos de manera regular, podrían saber en el mismo momento si un paciente tiene influenza, eliminando la necesidad de tratarlo como a un posible caso de SARS.

Incluso suponiendo el mejor escenario (que el SARS se pueda eliminar antes de fin de año), una mayor vacunación contra la gripe y una mejor disponibilidad de herramientas de diagnóstico beneficiará a millones de personas en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, cerca de medio millón de personas mueren cada año debido a la influenza. Muchos más tienen que ser hospitalizados por enfermedades graves. Una vacunación más generalizada protegerá a las personas de la infección y bloqueará el avance del virus. Un uso más amplio de las herramientas de diagnóstico rápido permitirá un tratamiento más efectivo para los casos de gripe que están en riesgo de desarrollar complicaciones graves.

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Si el SARS se puede tener bajo control en todo el mundo durante los próximos meses, las autoridades de salud pública habrán logrado un gran triunfo. El éxito en la contención del SARS podría marcar la primera vez en la historia que la transmisión respiratoria de persona a persona de un patógeno importante haya sido detenida mundialmente sin el uso de antibióticos ni de una vacuna.

Pero sería irresponsable pensar que hemos visto el fin del SARS, y pasará algún tiempo antes de que los científicos desarrollen herramientas de diagnóstico, tratamientos y vacunas. Mientras tanto, debemos intensificar la lucha contra una amenaza más antigua, la influenza, tanto para aminorar su efecto como para prepararnos para el retorno del SARS.