La medición de los próximos objetivos de desarrollo

COPENHAGUE – A comienzos del siglo XXI, la comunidad internacional se planteó unos compromisos simples y razonables: los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio; entre ellos reducir a la mitad la proporción de personas que sufren hambre y extrema pobreza, lograr la escolarización primaria universal y disminuir drásticamente la mortalidad infantil, con plazo en 2015. Aunque hubo muchos avances, no todos los ODM se cumplirán.

Por ejemplo, es posible que no lleguemos a la meta de reducir a la mitad el hambre (aunque por poco). En 1991, sufría malnutrición el 23,4% de la población de los países en desarrollo; más de mil millones de personas se iban a dormir con hambre. En 2013, la proporción había caído a 13,5%. A pesar de que en ese lapso la población de los países en desarrollo aumentó en mil setecientos millones de personas, el hambre afectaba a doscientos nueve millones menos. En los últimos veintidós años, el mundo consiguió la proeza nada desdeñable de alimentar adecuadamente a casi dos mil millones de personas más.

Durante el próximo año, los ciento noventa y tres gobiernos del mundo se reunirán para fijar nuevos objetivos globales para cumplir de aquí a 2030. Es la mayor oportunidad que tiene esta generación de convertir grandes ideales en metas concretas. Pero para elegir las más efectivas hay que aprender de la experiencia actual.

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