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Populismo o prosperidad

LONDRES – Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional francés, asegura que la gran batalla del siglo XXI será entre el patriotismo y el globalismo. El presidente de los EE. UU., Donald Trump, aparentemente cree que será entre “los medios de prensa mentirosos” y él mismo, apoyado por “el pueblo” al que dice representar. Ambos se equivocan.

La batalla que realmente definirá este siglo enfrentará al pensamiento a largo plazo contra el pensamiento a corto plazo. Los políticos y gobiernos que hagan planes para el largo plazo derrotaran a los que no puedan (o no quieran) ver más allá del ciclo electoral inmediato.

Aunque suele citarse a China como ejemplo de presunta capacidad para el pensamiento a largo plazo, no hace falta recurrir a dictaduras para probar lo que digo. Algunas democracias occidentales supieron prepararse bien para manejar las poderosas fuerzas de la globalización, la tecnología y la demografía, y obtuvieron a cambio economías estables y sistemas políticos mayormente inmunes a los populistas. Otras, en cambio, no pudieron mirar más allá del corto plazo y ahora sufren las consecuencias.

Para graficar esta distinción y como parte del trabajo de la organización benéfica educativa que dirijo, la Wake Up Foundation, he creado un nuevo indicador estadístico compuesto llamado Índice Wake Up 2050. A diferencia de, por ejemplo, el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, el Wake Up 2050 no se queda en las estadísticas que hablan del desempeño pasado y presente de los países, sino que intenta detectar señales de sus problemas futuros y medir la productividad probable de sus principales activos, especialmente sus ciudadanos.