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El peligroso discurso sexual del papa

NUEVA YORK – El comportamiento sexual humano puede ser peligroso, como lo corrobora una vez más la espantosa violación de una mujer de 23 años en un autobús, ocurrida en diciembre en Delhi. Cuando volvían de ver una película, ella y su novio fueron golpeados por seis hombres que luego violaron a la mujer y la atacaron con una barra de hierro, brutalmente, durante más de una hora. Trece días después, murió por las heridas.

Suele decirse que las violaciones no son en realidad una cuestión de sexo, sino de poder. Es cierto. Pero las violaciones no están desvinculadas del sexo. En una violación, el acto sexual se usa como una forma de tortura o incluso, en algunos casos, como un arma letal.

Pero no era eso lo que tenía en mente el papa Benedicto XVI cuando hace poco se refirió a los peligros del comportamiento sexual. En su discurso de antes de Navidad ante la Curia Romana, el papa no mencionó las violaciones; mucho menos el asesinato con connotaciones sexuales cometido en Delhi. En cambio, en su defensa de la familia (o, en sus propias palabras, de la unión sagrada entre un hombre y una mujer) destacó de qué manera los arreglos sexuales por fuera de esa unión son una amenaza a la civilización humana. Lo que tenía en mente, aunque no lo dijera, eran las uniones homosexuales.

Fue un discurso extremadamente confuso. Su disquisición sobre los peligros que supone el matrimonio entre personas del mismo sexo fue a continuación de un fragmento en el que deploró la tendencia moderna a evitar compromisos duraderos en las relaciones humanas, como si el matrimonio gay no tuviera que ver precisamente con eso. Por supuesto, en opinión del papa, en las relaciones homosexuales el compromiso es parte del problema: hay cada vez más personas, especialmente en Occidente, que reclaman la libertad de elegir sus propias identidades sexuales en vez de apegarse a los roles “naturales” y “sancionados por Dios”.