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Un condicionamiento para la transición árabe

CAMBRIDGE – En estos días, misiones del Fondo Monetario Internacional van y vienen de Oriente Medio sin llegar a ningún acuerdo. Mientras tanto, las posturas políticas, sociales y sectarias hacen que Túnez, Egipto, Libia y Yemen se polaricen cada vez más, lo que amenaza seriamente su futuro democrático. Frente a la perspectiva acechante de estados fallidos en Irak y Siria, la comunidad internacional no puede darse el lujo de seguir quedándose al margen.

El mundo necesita crear urgentemente un mecanismo político destinado a ayudar a estos países a salir del lodazal en el que se están hundiendo. Sin un respaldo adecuado, sus levantamientos populares en reclamo de libertad, justicia y dignidad terminarán en caos, inseguridad y crisis económica.

A diferencia del respaldo de la Comunidad Europea a Europa del este después de la caída del Muro de Berlín, la tragedia para el mundo árabe es la falta de un proyecto útil para una reforma institucional y los recursos para implementarla. La Asociación de Deauville lanzada en la cumbre del G-8 de 2011 fue una iniciativa mal concebida y sobrepasada por los acontecimientos. Las necesidades financieras de la región están mucho más allá de lo que puede ofrecer el acuerdo de Deauville. Más importante aún, el respaldo no debe ser exclusivamente financiero, sino también político. Las reformas económicas, por otra parte, pueden esperar.

Como en cualquier situación post-revolucionaria, las transiciones en marcha son procesos altamente complejos. Un vacío de poder se chupa todas las fuerzas políticas y crea incentivos para lograr una llegada al poder a cualquier costo. En consecuencia, nunca se generó el consenso mínimo necesario para establecer normas que regulen las transiciones políticas de estos países.