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El doble problema de Polonia

Gran parte del mundo parece fascinado por el hecho de que Polonia hoy sea un país gobernado por un par de gemelos idénticos que se hicieron famosos como actores de películas infantiles: el presidente Lech Kaczynski y el primer ministro Jaroslaw Kaczynski. Son, por cierto, curiosos, pero las fuerzas políticas que representan son aún más interesantes –y preocupantes.

Desde el otoño de 2005, los Kaczynski lideraron una coalición conservadora-populista, con el aditamento de una dosis de nacionalismo –representado por la pequeña Liga de Familias Polacas (LPR)-. La derecha polaca estuvo por última vez en el poder en 1997, habiendo gobernado anteriormente en los años 1990-1993. El post-comunista Partido de la Izquierda Democrática (SLD) fue derrotado en las urnas en 1997, a pesar de una seguidilla de cinco años de prosperidad económica y de rápida caída del desempleo. Si bien la popularidad del SLD se mantuvo alta, la derecha anteriormente fragmentada prevaleció gracias a una unidad temporaria.

En 1998, sin embargo, la prosperidad se esfumó. De modo que tras el paso de la derecha por el gobierno vinieron años de estancamiento y estallido del desempleo. Incapaz de afrontar la caída, en 2001 la derecha fue reemplazada por otro gobierno liderado por el SLD.

Durante este período, la derecha se desintegró. Entre los grupos desmembrados que surgieron estaba el conservador Derecho y Justicia (PiS) y el nacionalista LPR. Cuando irrumpieron en la escena política, la izquierda estaba en crisis: la economía no mejoraba, el desempleo se mantenía alto y el SLD, que atrajo a todo tipo de gentuza, se vio envuelto en escándalos de corrupción.