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La amenaza polaca para Europa

VARSOVIAPolonia se ha convertido en el último campo de batalla europeo en una contienda entre dos modelos de democracia –liberal y antiliberal-. La abrumadora victoria electoral en octubre del partido de extrema derecha Ley y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczyński ha derivado en algo más parecido a un cambio de régimen que a una entrega habitual del poder entre gobiernos elegidos democráticamente. La nueva administración de la primera ministra Beata Szydło ha purgado a la burocracia gubernamental (incluidas la radio y la televisión públicas), ha llenado la Corte Constitucional de simpatizantes y ha debilitado la capacidad de la Corte para derogar leyes.

En respuesta, la Comisión Europea ha lanzado una investigación oficial de las posibles violaciones de los estándares del régimen de derecho de la UE. Es más, Standard & Poor’s, por primera vez, ha rebajado la calificación de moneda extranjera de Polonia –de A- a BBB+- y ha advertido de posibles recortes adicionales en el futuro en tanto acusa al gobierno de debilitar “la independencia y efectividad de las instituciones fundamentales”. Crecientes dudas sobre el compromiso de las nuevas autoridades de Polonia con la democracia han agudizado el derrumbe del mercado bursátil de Polonia y contribuido a una depreciación del złoty polaco.

Polonia es el país más grande de la Unión Europea en abrazar el antiliberalismo; pero no es el primero. El gobierno del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha estado enfrentada a la UE durante varios años por su abierta politización de las instituciones húngaras, a la vez que el gobierno de Robert Fico en la vecina Eslovaquia ha implementado una forma similar de mayoritarismo puro.

¿A qué responde este desprecio por las normas democráticas en algunas de las democracias más nuevas de Europa? En los años 1990, la promesa de pertenecer a la UE dio marco a un proceso de reforma política y económica total en las sociedades antes cerradas de Europa central y del este. Y, luego del acceso de esos países a la Unión en 2004, la brecha entre ellos y los antiguos miembros de la UE parecía cerrarse. De hecho, durante los ocho años de régimen de centroderecha que precedió a la victoria del PiS, Polonia surgió como un alumno europeo modelo, al registrar el crecimiento económico más sólido en la OCDE.