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Jugando a la ruleta rusa con el cambio climático

GINEBRA – El creciente escepticismo y las negociaciones estancadas han culminado en el anuncio de que la Conferencia sobre el Clima de Copenhague no resultará en un acuerdo climático global e integral. ¿Una desilusión? Por supuesto. Pero la cumbre sobre el clima de Copenhague siempre estuvo pensada como una medida de transición. Lo más importante a considerar es hacia dónde vamos desde aquí.

La frase “el día después” con frecuencia está asociada con la palabra “resaca”. La falta de un acuerdo vinculante podría implicar una resaca global, y no sólo por un día. Harta de las predicciones apocalípticas, la gente quería que en Copenhague se produjera un milagro. De modo que la percepción de un fracaso puede causar una pérdida de confianza masiva y tal vez irreversible en nuestros políticos. No sorprende, entonces, que los gobiernos hayan intentado manejar con cuidado nuestras expectativas.

Quienes toman decisiones no han percibido lo cerca que puede estar el mundo del “punto de inflexión” climático. Pero, mientras que el clima desbocado sigue siendo un riesgo, la política fuera de control ya es un hecho. Las negociaciones oficiales están alejadas de la realidad. De acuerdo con la ciencia más reciente, las propuestas actuales en proceso de negociación resultarán en un calentamiento de más de 4ºC durante este siglo –el doble del máximo de 2ºC acordado por el G-8 y otros líderes-. Eso deja una probabilidad superior al 50% de que el clima del mundo vaya más allá de su punto de inflexión.

Un acuerdo basado en los parámetros que hoy están sobre la mesa de negociaciones por ende nos pondría en una posición más peligrosa que un juego de ruleta rusa. Para evitar tanto la resaca global de un acuerdo inexistente como el autoengaño de un acuerdo débil, se necesita un gran avance –y todavía se lo puede lograr en Copenhague.