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Jugar por los derechos humanos

PRAGA – La elección de Beijing para organizar y albergar los Juegos Olímpicos de 2008 estuvo acompañada por las promesas del gobierno chino de un progreso visible en materia de derechos humanos. Entendimos que estas promesas eran una condición cuyo cumplimiento exigiría el Comité Olímpico Internacional. Esa es la manera en que las Olimpíadas de este año podían contribuir a una mayor apertura y respeto por las normas internacionales de derechos humanos y libertades en el país anfitrión.

Si han de cumplirse las palabras de la Carta Olímpica, que establecen que es un objetivo del olimpismo “poner al deporte al servicio del desarrollo armonioso del hombre, con la visión de promover una sociedad pacífica preocupada por la preservación de la dignidad humana”, es necesario que todos los participantes olímpicos puedan conocer la situación real en China y denunciar libremente violaciones a los derechos humanos cuando y donde sea según dicte su conciencia. Instamos al Comité Olímpico Internacional a que haga esto posible.

Una interpretación de la Carta Olímpica según la cual los derechos humanos serían un tema político que no se discutiría en las sedes olímpicas nos es ajena. Los derechos humanos son un tema universal e inalienable, venerados en los documentos internacionales sobre derechos humanos que China también firmó, que trasciende la política tanto internacional como interna, y todas las culturas, religiones y civilizaciones.

Hablar de las condiciones de los derechos humanos, por lo tanto, no puede violar la Carta Olímpica. Hablar de derechos humanos no es política; sólo los regímenes autoritarios y totalitarios intentan que esto sea así. Hablar de derechos humanos es una obligación.