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Jugando a la democracia

En Calcuta, cuando un niño más pequeño quería participar en el juego al que jugábamos mis amigos y yo, lo dejábamos entrar, pero primero murmurábamos entre nosotros las palabras elé belé . Un elé belé es un jugador que cree que está participando, pero que en realidad no lo hace. Todos sabían que un gol que él marcara no contaba.

Como niño, dominar el cruel arte del elé belé era importante. Cuando llegaba un niño nuevo, acompañado por una madre sobreprotectora, con una simple mirada entre nosotros decretábamos que el muchacho sería un elé belé .

La técnica del elé belé también prospera en el mundo adulto. Todos podemos recordar situaciones colectivas de toma de decisiones (un comité seleccionador, un equipo de redacción de estatutos) donde algunos de los miembros eran elés belés . Todos hemos sido elés belés en algún momento, aunque no nos hayamos percatado de ello.

Lo que se aplica a niños y adultos también se aplica a las instituciones internacionales. En efecto, las organizaciones que están oficialmente comprometidas con involucrar a todas las naciones en sus procesos de toma de decisiones, frecuentemente están controladas por pequeños grupos de países poderosos, mientras que los demás sólo hacen como que participan. La Organización Mundial del Comercio (OMC), que supuestamente opera bajo el principio de un país un voto, de hecho tiene una agenda que fija tras bambalinas un pequeño grupo de naciones.