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En defensa de mejores gobiernos

LONDRES – En una encuesta reciente de la Red de Consejos de Agenda Global del Foro Económico Mundial, muchos participantes consideraron que los gobiernos están menos capacitados que las empresas o los medios de comunicación para hacer frente a los desafíos globales. Esta respuesta es hasta cierto punto comprensible, dada la multiplicidad de desafíos que enfrenta el sector público y la cantidad de problemas que demandan soluciones a largo plazo y no las tienen. Pero por otra parte, hay algo básicamente errado en la idea de comparar a los gobiernos de igual a igual con las empresas y los medios, ya que ninguno de estos sectores opera con el mismo nivel de responsabilidad, exigencia y obligación de rendir cuentas que aquellos.

Las empresas pueden decidir por sí mismas dónde invertir y crecer; los medios de comunicación pueden estar todo el tiempo cambiando de tema. Pero los gobiernos no pueden darse estos lujos. Un gobierno no puede desarmar campamento y mudarse a otra parte si un día sufre pérdidas o un tema empieza a ser aburrido. Por el contrario, los gobiernos deben quedarse donde están y, a menudo, arreglar los desastres que otros dejaron tras de sí. Con suerte, tal vez hasta consigan hacer mejoras.

El problema del sector público, en general, es que han disminuido su eficacia y su eficiencia a la hora de responder a las necesidades individuales, familiares y nacionales (que a menudo están en conflicto) y compatibilizarlas, y esto provocó una pérdida abrupta de confianza en los gobiernos.

Justo antes de la Cumbre sobre la Agenda Global del Foro Económico Mundial, celebrada en Abu Dhabi el mes pasado, estuve una semana en la India. La mayoría de las personas con las que hablé no dejaban de quejarse de las falencias del gobierno; invariablemente, calificaban a los gobiernos (tanto el federal como los de los estados) de lentos, vacilantes, corruptos, faltos de imaginación y cortos de vista; en resumidas cuentas, carentes de valor.