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El largo adiós de Pervez Musharraf

ISLAMABAD – Pervez Musharraf de Pakistán se encuentra prácticamente solo hoy, cuando se enfrenta al reto más serio a su presidencia: la posible destitución por el nuevo gobierno democráticamente electo.

Los cargos potenciales son serios: conspirar para desestabilizar al gobierno electo en febrero pasado, destituir ilegalmente a los principales jueces del país en noviembre de 2007, y no haber proporcionado adecuada seguridad a Benazir Bhutto antes de su asesinato en diciembre pasado. Su alianza con la administración Bush ha aumentado su impopularidad, especialmente tras los ataques con misiles por parte de los estadounidenses a áreas tribales de Pakistán.

A pesar de ciertas diferencias acerca de cómo enfrentar a Musharraf, los principales partidos políticos de Pakistán están ahora unidos contra él. Las disputas entre el Partido Popular de Pakistán, encabezado por el viudo de Benazir, Asif Ali Zardari, y la Liga Musulmana (N) de Pakistán, dirigida por el ex Primer Ministro de Pakistán Nawaz Sharif, habían dado a Musharraf una oportunidad de recuperar cierto prestigio después de la derrota de sus aliados en las elecciones de febrero. La reluctancia estadounidense a abandonar a Musharraf -junto con prolongados cortes de electricidad, que hicieron parecer incompetente al nuevo gobierno- también dio pie a sus esperanzas.

Puede que Musharraf esté contando con el ejército, su principal apoyo, para salir de esta crisis. Si bien ese respaldo es sólo una posibilidad, es poco probable que el estado mayor del ejército actúe en su beneficio.