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La educación no puede esperar

LONDRES – "Recuerda la cara del hombre más pobre y más débil que hayas visto y pregúntate si ese paso que estás considerando dar le será de alguna utilidad". Esas palabras, pronunciadas por Mahatma Gandhi en 1948, deberían tomarse como una prueba de nuestra sinceridad, y como un desafío para nuestra complacencia, cuando se considera el destino de los 30 millones de niños desplazados de sus hogares como consecuencia de guerras civiles y desastres naturales.

Desde 1945 que no se registraba un número tan alto de niños y niñas desarraigados como resultado de una crisis. Probablemente estos niños pasen sus años de escolaridad sin pisar un aula y terminen con sus talentos subdesarrollados y su potencial desaprovechado. Hoy hay 75 millones de jóvenes cuya educación se ha visto interrumpida por el conflicto y la crisis. Sin embargo, la urgencia -y el derecho internacional, que rige la educación de todos los niños desplazados- no logran inspirar la acción.

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Los niños desplazados hoy tienen más probabilidades de convertirse en los trabajadores más jóvenes en la fábrica, las novias más jóvenes en el altar y los soldados más jóvenes en la trinchera. Sin oportunidades, los niños son vulnerables a los extremistas y a la radicalización. Cada año, cerca de medio millón de niñas son víctimas de la trata y desaparecen.

El destino de estos desposeídos está atado a la cuerda salvavidas más delgada. Cuando golpea el desastre, empieza a circular por la comunidad de donantes del mundo lo que sólo se puede describir como un plato para limosnas. Los aportes voluntarios luego son administrados por agencias de refugiados, entidades de beneficencia y ONG, que heroicamente ayudan a los refugiados a arreglárselas con lo más esencial -alimentos, agua, refugio y protección.

En estas circunstancias, el derecho a la educación deviene un "lujo" prohibitivo. Mientras que las fuerzas de paz de las Naciones Unidas están financiadas por los aportes recaudados en los países miembro, los millones de niños desplazados por las crisis no tienen ninguna garantía de que alguien vaya a financiar su escolaridad. Por cierto, menos del 2% de la ayuda humanitaria llega a la educación. La guerra civil de Siria, que ahora ingresa en su sexto año, y el primer aniversario del terremoto devastador de Nepal -dos desastres que han arrojado a millones de niños a las calles- sirven como un recordatorio doloroso de que carecemos de los medios para volver a llevar a los niños a las aulas luego de esas tragedias.

Un fondo permanente que garantice la educación de los niños en situaciones de emergencia es una deuda desde hace mucho tiempo. En lugar de desperdiciar meses suplicando por ayuda, un fondo de reserva de estas características podría ofrecerla de inmediato. En el inicio de una emergencia, el fondo evaluaría rápidamente dónde están los niños desposeídos, desarrollaría una estrategia e implementaría un plan para ofrecerles educación.

Hoy, por primera vez, estamos en condiciones de cumplir con esta promesa. Bajo el liderazgo del director ejecutivo de UNICEF, Anthony Lake, la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, Filippo Grandi, la presidenta de la Asociación Mundial para la Educación, Julia Gillard, y el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim -y con el respaldo del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon- se está por crear un fondo humanitario sin precedentes para la educación en emergencias.

El nuevo fondo "La educación no puede esperar" responderá a las nuevas realidades y los nuevos requerimientos. Es probable que la mayoría de los niños refugiados pasen más de una década fuera de sus propios países, de manera que su situación apremiante no se puede considerar temporaria. El fondo innovador sustentará la educación de los refugiados hasta un plazo de cinco años, en lugar de los escasos meses de ayuda en cuentagotas que se ofrece actualmente.  

Nunca más las necesidades humanitarias, de seguridad y de desarrollo se dividirán en silos con sus propias estrategias y agendas. Un fondo único ahora va a satisfacer estas necesidades de inmediato. Después de todo, cuando los niños refugiados encuentran un lugar en la escuela, están más seguros, sus padres tienen más esperanzas y sus estados son más estables. El fondo no se regirá por las antiguas reglas del Banco Mundial que, hasta hace poco, excluían de los créditos concesionales a la educación de los niños refugiados en países de ingresos medios.  

La iniciativa será el primer fondo humanitario oficial para la educación. Y un fondo paralelo liderado por las Naciones Unidas tendrá diferentes ventanas a través de las cuales las empresas, las fundaciones y los individuos podrán contribuir. Sin duda, brindarle una educación a los niños desplazados exige un alejamiento del simple voluntariado: un giro hacia aportes recaudados a partir de impuestos en los países ricos. Pero, hasta que este cambio se produzca, solicitaremos a filántropos individuales, corporaciones y entidades de beneficencia -así como a nuevos y antiguos donantes de ayuda- que se aúnen para catalizar el emprendimiento. Nuestra sensación de urgencia, sumada a los fondos necesarios, promete tener un impacto significativo. Cuando se trata de garantizar la escolaridad, ningún precio es demasiado alto.

El fondo aprovechará las pasiones y las innovaciones fundamentales de hoy. Queremos que las empresas de tecnología desempeñen un papel central en cuanto a ofrecer nuevas ideas y un pensamiento disruptivo. Queremos que las empresas que ya ofrecen a los refugiados educación online, acceso a Internet y equipos informáticos piloteen el suministro de educación a las niñas y los niños desplazados y aislados. Al crear este fondo, estamos poniendo fin a la era de la respuesta estereotipada a la crisis.

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Gandhi creía que la reflexión podía motivar la acción al recalibrar nuestra brújula moral. Lo que hace que este fondo sea único no es la serie de nuevos puntos de referencia que establece. Más bien, marca un cambio en la manera en que enfrentamos los desafíos de una emergencia. El fondo va más allá de las demandas actuales, se basa en las necesidades del futuro.

Al ofrecer recursos para brindar educación, el fondo es una afirmación contundente de un mañana mejor -una promesa firme para aprovechar el talento, desarrollar el potencial y garantizar un futuro para todos los niños, no importa dónde estén-. Al crear "La educación no puede esperar", estamos enviando un mensaje a los desanimados y desposeídos de todas partes. La educación, en el mejor de los casos, ofrece algo que los alimentos, el refugio y la atención médica nunca pueden ofrecer por sí solos: esperanza, la posibilidad de planear y de prepararse para el futuro.