0

Corea del Norte y otros asuntos de geoestrategia

MADRID – Kim Jong-il, el líder de Corea del Norte, murió en un tren en su país a las 8.30 de la mañana del viernes 17 de diciembre. Dos días más tarde las autoridades de Corea del Sur no conocían el hecho y el Departamento de Estado se limitaba a reconocer  la existencia de  algunos informes de prensa, haciéndose eco de su muerte.

Que los servicios de información no hubieran captado ninguna señal de lo ocurrido atestigua el carácter opaco del régimen, pero también un fallo de inteligencia por parte de Corea del sur y de EE.UU. Y es que a pesar de que aviones y satélites americanos vigilan el país día y noche y de que las  antenas más sensibles cubren la frontera entre el norte y el sur de Corea, sabemos muy poco de ese país donde la información sensible se restringe a un pequeño grupo de dirigentes obsesionados con el secreto.

El cambio  de líder tiene lugar cuando menos se deseaba que ocurriera. Es sabido que los lideres chinos esperaban que Kim Jong-il  sobreviviera el tiempo necesario para consolidar el proceso de sucesión de su hijo Kim Jong-un  entre las diferentes facciones que competirán por el poder.

La rapidez con que todos los atributos simbólicos del poder se le han transferido a Kim Jung-un –su posición protocolaria en los actos fúnebres, la Presidencia de la Comisión Militar e incluso la máxima jerarquía en el Partido –no harán menos difícil el proceso de transición del poder a un joven de menos de 30 años en una sociedad donde los veteranos jefes militares detentan una parte importante del mismo.