Paz mediante un fútbol superior

Cuando se desea paz en el Oriente Medio, prácticamente una tradición de Año Nuevo, hay que andarse con cuidado, pues tantas esperanzas se han desvanecido en el amargo fracaso de tantas negociaciones. Sin embargo, tenemos un deseo para el Oriente Próximo, uno que, si bien tal vez no traiga la paz, puede crear una de sus precondiciones: buena voluntad. Israel y Palestina deberían apostar postular juntas a ser anfitriones de la Copa Mundial de Fútbol 2018, y se les debería otorgar ese honor.

El conflicto entre Israel y Palestina ha durado demasiado tiempo. La conferencia de paz de Annapolis puso fin a un congelamiento de siete años de las negociaciones, y en ella el Presidente George W. Bush pidió a los principales protagonistas del conflicto que llegaran a un acuerdo para fines del año 2008.

Nada nos impide esperar que para entonces se pueda haber llegado a una paz justa y equitativa. No hay ninguna maldición que haga que palestinos e israelíes no puedan vivir codo a codo y en paz. Cuando hay voluntad, hay una manera.

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